viernes, 3 de enero de 2014

Necesidad

Definitivamente no puedo seguir escapando. Encuentro cuentos que escribí cuando tenía menos de seis años, recuerdo con mucho orgullo los concursos de escritura en los que participaba, releo las miles de historias y pensamientos llenos de emociones escritos en mis aventuras de adolescente.  Reviso los archivos de los últimos diez años y compruebo que la escritura se fue volviendo un desfogue, una liberación, una conexión conmigo misma y un mecanismo de control para mis emociones. 
Me gusta escribir desde que aprendí a escribir. Compartí mis redacciones sólo en casos obligatorios, pero siempre me gustó escuchar lo que los expertos tenían para decir.  Me gusta escribir sobre mis experiencias, mis ideas, mis alegrías, mis dudas, mis miedos.  Me gusta escribir sobre esas personas que me cambian la vida, esas conversaciones que me dejan pensativa, esos momentos que me llenan el alma, esas canciones que me ponen la piel de gallina, esos lugares que jamás borraré de mi mente y esos desafíos de la vida que me motivan día a día.
Hoy empiezo esta aventura sin saber claramente cuál es el destino.  Hay mucho para contar y aún queda mucho por vivir.  

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